Cuando el sol se reincorpora a sus funciones, mi sombra es proyectada contra un hibrido de minibús y furgoneta, con el que yo, asno primogénito, Oscar y un pequeño grupo de jóvenes abijaneses tenemos por objetivo de la jornada cubrir la ruta hasta Korhogo, ciudad bastión de las tropas rebeldes. 500 kilómetros que se prevén recorrer en al menos 8 horas. Sería irrealista descartar averías o contratiempos de otra índole. El sol ha salido a las 5.45. En 12 horas se pondrá. Si para entonces no hemos llegado a nuestro destino seremos presa fácil de los salteadores de caminos. El Real Colegio de salteadores de caminos, si existiese, tendría como día festivo y conmemoración de su fundación el día en que se firmo el alto al fuego. Durante la guerra, el hurto organizado a la ciudadanía civil trashumante era un duopolio entre el ejército localista (leal al gobierno) y el rebelde. Desde el fin de las hostilidades, el mercado se ha abierto a todos los individuos que se hayan hecho durante el conflicto con un arma de fuego y que esté exento de escrúpulos para utilizarlo contra quién cometa la irresponsabilidad, o sea presa del infortunio, de permanecer en la carretera una vez se ha puesto el sol.
Pronto uno de mis compañeros de viaje se me presenta y me introduce al resto. Me sorprende, inquieta y agrada su actitud altiva siendo la hora que es y las 8 horas de viaje que oscurecen nuestro horizonte de comodidad. Salgo de mi asombro cuando me cuenta que ha estado de fiesta toda la noche para celebrar la boda de un amigo. De ello deduzco que su actitud tiene más que ver con la festividad de su pasado inmediato, que con el entusiasmo por lo prometedor de su futuro. Como de costumbre, no soy capaz de archivar en mi memoria a corto plazo la batería de nombres de mis compañeros de viaje. Solo me consuela su imposibilidad por pronunciar mi nombre. Siendo comprensivo y diligente, acepto de buen grado la onomatopeya en la que han convertido y la adopto como pseudónimo sea cuál sea la longevidad del viaje o de nuestra relación. Para la excitación de todos los presentes el motor consigue arrancar a la primera. Apenas estamos sentados en el vehiculo comienzan los cánticos. 500 kilómetros de carreteras llenas de baches, un asiento nada confortable y un grupo de jóvenes animadores cristianos cantando bailando y dando palmas, son toda una prueba para mis superpoderes de Dormitaman. La furgoneta se pone en marcha.
jueves 8 de enero de 2009
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1 ¿Insultos?:
cabestrooo!he dado un toqe d calidad a tus seguidores,para q no te drprimas,q veo q no son muy numerosos jaja
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