miércoles 28 de enero de 2009

Día 5. Europa extremece

Cuando la coral de la furgoneta se toma el primer receso y ante la imposibilidad de conciliar el sueño entablo una conversación con el joven altivo, al que me he referido anteriormente. Su nombre es Djourou y tiene 26 años. Orgulloso, me comenta que hace dos años se sacó el bachillerato y que ahora está en formación para ser salesiano. A mi me extraña sobremanera que un joven enérgico, alegre y con carisma, como le creo estar percibiendo tenga esa aspiración. Quizás con menos tacto del que mi condición de visitante aconsejaría, le pregunto por qué razón ha elegido ese futuro para él.

- Mira Aruma*, yo fui un niño de la calle. Me quede huérfano cuando era muy joven. Los salesianos me acogieron en uno de sus centros, y allí me enseñaron todo lo que sé e hicieron de mí el hombre que soy hoy. Yo quiero dedicar mi vida a hacer por los demás lo que hicieron por mí. A mi los salesianos me enseñaron a querer y que Dios me quiere, y eso es lo más bonito de mi vida.

*Pseodónimo que se me aplica.

Descubro que escuchar conversaciones de los demás no está mal visto en África, porque después de la intervención de Djourou, se escucha una sonora ovación que se enlaza con otra canción a Dios. Cuando ésta acaba, Djourou me inquiere:

- Aruma, hablanos de ti.

Acto seguido todas las miradas se vuelven hacía mí, incluido Oscar que estaba sentado junto al conductor. La presión a la que me somete esta expectación hace que mi capacidad para verbalizar en la lengua francesa se minimice. Sin embargo, considero más crítico qué decir que cómo decirlo. ¿Debo decirles qué he venido a Costa de Marfil para ayudarles? Quedan demasiadas horas de viaje como para retratar a su sociedad, y por ende a ellos, como individuos retrasados, con un grave problema de incultura y con una incapacidad manifiesta para desarrollarse, o incluso para sobrevivir en medio de la miseria generalizada. No estoy seguro de que lo que dijese fuese comprensible para alguien francófono pero si lo fuera sería algo como:

- Hola, me llamo Aruma, pero antes de subirme a este autobús me llamaba Agustin.- en este punto su silencio me crea la disyuntiva siguiente ¿O bien, no ha tenido ninguna gracia o es que tan mal hablo francés?- Tengo 21 años y vengo de España, en Europa. Allí soy un estudiante de economía y de sociología. Hace apenas 4 días que estoy en vuestro país a donde he venido a conocer África y a los africanos, y a echar una mano en lo que pueda en Korhogo.

La gente me aplaude, creo que he salvado los muebles, pero aún quedan las preguntas:

-¿Tienes novia?

En mi vanidad enfermiza me congratulo de responder.

- No.
- No te creo. Los blancos que salen en la tele tienen un montón de novias.

Todos ríen. Djourou hace preguntas más difíciles.
- Y tú… ¿Qué quieres ser de mayor?

Nunca me hube planteado esa pregunta en serio, hasta que hace unos meses, uno de mis profesores de mis profesores de sociología, ante la brillantez, siempre relativa, de mi expediente académico, me preguntó sobre el asunto. Yo no supe que responder. Le explique que aspiraba a trabajar en un área en crecimiento en el ámbito empresarial que era la Responsabilidad Social Corporativa, pero que no sabía bien cómo llegar hasta allí y que tenía la certeza que el movimiento rotatorio que tiene intrínseco la vida de un ser humano todo podía cambiar. Que no creía que mis aspiraciones infantiles de ser churrero fuera significativas y que prefería mantener un horizonte abierto. Él me aleccionó del siguiente modo:

- Mira Agustín, todo lo que me cuentas está muy bien, pero hay estudios sociológicos que dicen que las personas que se proponen metas en la vida no sólo las alcanzan en mayor porcentaje, sino que en general llegan más alto, consiguiendo o no lo que se proponían. La juventud española es la europea que menos claro tiene su futuro y eso, claro está puede tener sus repercusiones. Creo que es un buen ejercicio que te preguntes cómo quieres que sea tu vida en 10 años.

De mis cávalas articule mis aspiraciones. En 10 años quería fundar y/o dirigir una consultoría de Responsabilidad Social Corporativa, en un contexto en el que los estados pierden poder, las empresas asumen el liderazgo social y los ciudadanos mundiales emiten sus votos cuando componen el carrito de la compra.

Incapaz de explicar todo lo anterior respondo:

- Me gustaría ser el presidente de la Unión Europea.

La parte de atrás de esa furgoneta se llena de escepticismo. Unos segundos de silencio dejan paso a un comentario de una de las chicas, cuyo nombre como ya he dicho ignoro y cuya idiosincrasia juzgo como “más bien tirando a tontita”.

- Mi sueño es ir a Europa. Es un mundo de oportunidades. Algún día espero poder ir y ser feliz allí.

Los rostros de todos los allí presentes no sólo muestran su resignación ante el comentario y su conformidad con mi juicio anteriormente expuesto.

-¿Por qué no os gusta Europa?

Djourou ríe levemente y sin ruido, como solo se hace cuando se hace presente ante ti la mayor de las ingenuidades.

- Mira Aruma, yo no odio a los europeos, de hecho tu me estás cayendo bien - en ese momento reposa su mano derecha sobre mi muslo izquierdo, lo que confirma que la situación no puede ser más tensa – los europeos no sólo vinisteis a Africa, nos colonizasteis, nos quitasteis nuestra tierra, nuestras mujeres, nos metisteis en galeras y nos comprasteis y vendisteis como esclavos. Dividisteis a vuestro antojo a nuestros pueblos, nos impusisteis vuestra cultura y explotasteis nuestros recursos.
Yo no me atrevo a rebatir una síntesis histórica tan bien documentada, más aun teniendo su mano posada en mi pierna y sus ojos clavados en los míos. Me pregunto si de no tener su mano en mis pantalones y saber que si lo hacía las cosas sólo empeorarían, habría podido reprimir las ganas de mearme de miedo.

- Aruma, pero las cosas no se quedan en la colonización.- ¡Vaya por Dios!- Nosotros arrastramos los problemas de la colonización y de la descolonización. Ahora seguís explotando nuestros recursos, engañándonos en las transacciones comerciales y armando guerras, en los dos sentidos de la palabra. Francia pone y quita al presidente cuando le conviene. Francia se cree que Costa de Marfil es suya. La embajada de Francia es más grande que la casa del presidente y están a escasos metros. Ellos montaron la guerra civil aquí porque les convenía. Tienen aquí a su ejército y disparan cuando quieren contra nuestra gente. Hacen lo que quieren porque se creen que les pertenecemos.

Yo como amante del cine francés y como europeo, intento relajar un ambiente caldeado.

- Entiendo lo que me dices y seguro que tienes razón en muchas cosas, pero también creo que quién quiera expanda esas opiniones tiene intereses y el enemigo externo al que se deben todos los problemas es una manera populista de ganar apoyos y no solucionar problemas.
- Aruma, yo no estoy culpando a los europeos de la situación en la que estamos, la culpa es nuestra por dejaros hacer todo lo que habéis hecho a lo largo de la historia.

Sin tiempo para dar respuesta la furgoneta se para. Después de 3 horas de viaje hacemos el primer receso. Yo aprovecho para llevar a cabo al aire libre, lo que tanto había ansiado hacer en mis pantalones minutos antes.